VENDIMIA

Ha pasado la primera semana de Septiembre y el rostro de todos los componentes de La Casa refleja el efecto que la llegada de esas mágicas horas va causando en ellos.

Cada día, paseos por todos nuestros viñedos desde la salida hasta la puesta del sol, muestreando bayas de una de cada diez cepas para hacer una analítica completa en laboratorio para determinar la evolución de la madurez y sobre todo para catar las uvas y tratar así de anticipar cómo y a qué sabrá cada vino de cada VIÑA de este año.

Desde este momento hasta que veamos los mostos por fin hechos vino habrán pasado horas buenas y mejores, pero siempre tensas y largas. Las noches, habrán sido días y, más que días, jornadas de esas que nunca acaban.

Si no has vendimiado nunca, no podrás imaginar lo que es esto, pero sí te aseguro que no es coger uvas y hacer vino, es mucho, mucho más que eso. Es no poder concebir un día en el que al abrocharte un botón, no te manches de púrpura y carmín la camisa. Es sobrevivir unos días tan intensos, que el sol y la luna se terminan convirtiendo en tus amigos. Las ventanas encendidas a lo lejos, en nostálgicos recuerdos y la imagen de un sitio cómodo para descansar, en un cruel castigo.

Pero todo queda pagado con una sola sonrisa. Con esa sonrisa que inunda nuestra cara la primera vez que, al meter la nariz en la copa, observamos que ha nacido un nuevo vino de La Casa Maguila.

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