LA COMPAÑÍA

Érase un vez una casa mágica, una casa donde se hacían y se vendían vinos, vinos especiales que expreseban un esmerado cuidado por la naturaleza y las tradiciones.
A la gente le gustaban los vinos que esa casa proveía, porque les facilitaba el disfrute de buenos momentos en compañía de sus seres queridos.
También muchos trabajadores cercanos querían trabajar en esta casa, tanto, que había una larga cola de gente que quería trabajar allí, porque allí, los trabajadores eran bien tratados y podían manifestar sus opiniones libremente, estar comprometidos y ser innovadores.
Por su parte, los proveedores también querían que sus productos y servicios estuvieran presentes en esta casa porque la casa les hacía mejores y ellos a la casa en una relación mutua.
Las comunidades locales también querían que la casa estuviera en su comunidad ya que, en esa casa, todos actuaban como buenos ciudadanos.
Pero, más allá de todo esto, en esta casa, además eran capaces de conseguirlo produciendo el suficiente beneficio como para garantizar que la casa siguiera abierta año tras año sin tener que renunciar a seguir siendo tan mágica.

En esos momentos en que las condiciones del entorno social se nos presentan tan adversas, que terminamos aceptando el desánimo, la injusticia y la iniquidad como habituales compañeras de viaje y cualquier proyecto ilusionante se nos antoja una quimera más de un pasado ya lejano, hacer una declaración de principios nos exige acompañarla de una más firme aún declaración de compromisos de futuro:

...Porque así ha de ser La Casa Maguila pondremos la vida en ello.

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La Casa Maguila

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